Valladolid IN DISCOVERY

Los vallisoletanos en el descubrimiento

En el Archivo de Simancas se conserva un documento alusivo al segundo viaje de Colón a América (entonces se decía viajar a Indias), por el que sabemos los nombres de algunos vallisoletanos que hicieron la travesía entre la tripulación de las 17 naves que surcaron la mar por un camino ya conocido y hacia unas tierras que, aun presentando muchas incógnitas, no podían ser ya consideradas ignotas, pues el almirante, con las naves de los hermanos Pinzón (que esta vez no fueron, seguramente por voluntad de Colón) las habían pisado en el viaje iniciático. La salida se efectuó del puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493 y se regresó al mismo puerto el 11 de junio de 1496. Lo revelador del documento simanquino (en realidad una especie de libro contable) es que nos facilita los nombres de vallisoletanos que se enrolaron en la expedición. Este trascendental descubrimiento se deduce del estado de cuentas presentado por el contador Alonso de Morales y asentado en un libro de 28 hojas escritas por ambas caras (que afortunadamente no formó parte del expolio cometido para montar el Archivo de Indias en Sevilla). Ese libro E Los valisoletanos del descubrimiento de América de cuentas señala no sólo los nombres de los profesionales que componían la nómina de embarque del segundo viaje, sino también las cantidades cobradas a cuenta, las que se les adeudaban por los servicios prestados y lo que entre ellos mismos se habían dejado a deber “de cuenta de sus haberes”. La deuda de las arcas reales para con ellos ascendía a “dos cuentos (dos millones) quinientos noventa y siete mil setecientos setenta y nueve maravedís”, según una disposición fechada en Ávila el 3 de noviembre de 1497, un año después del regreso a Cádiz de la expedición. Aparecen en sus páginas los nombres de ciertos personajes que figuran con su nombre de pila y un apellido identificativo de su origen. La estadística de antropónimos con apellidos tomados de topónimos arroja un total de 124 expedicionarios, de los cuales el mayor porcentaje procede de los antiguos reinos de León y Castilla (21 poblaciones identificadas y 31 expedicionarios). Es decir, gentes con espíritu aventurero que figuraron en la nómina de la segunda expedición con su nombre de pila y el de su pueblo de origen a modo de apellido y que ejercieron sus diferentes profesiones no marineras durante los dos años largos que permanecieron a las órdenes de Cristóbal Colón en este segundo viaje a América. Es el caso de los vallisoletanos siguientes: Fernando de Medina, escudero; Francisco de Valladolid, espadero; Alonso de Valladolid, trompeta; Juan de Valladolid, espadero; Gonzalo de Valdenebro, al que se le hacen las cuentas pero no se cita su oficio; Diego de Olmedo, calero; Luis de Mayorga, escudero contino (profesional fijo) y un tal Diego Fernández de Trigueros, que aparece en la relación sin oficio pero con beneficio y que podría ser originario de Trigueros del Valle. JOSÉ-DELFÍN VAL

El Archivo de Simancas y su aportación al Archivo de Indias

A juzgar por los hechos, el Archivo de Indias es pariente muy allegado del de Simancas. El de Indias es, en la actualidad, el depósito documental más importante para el estudio del descubrimiento de América con todos sus antecedentes y consecuentes. Pero no siempre fue así. No entremos en discusiones ni salgamos en defensa del Archivo General de Simancas porque nos dejamos dominar por la pasión, pero las situaciones incontrovertibles no admiten discusión. Y los hechos, menos. Y los hechos son los siguientes: El 14 de agosto de 1784, los 3.258 legajos de documentación indiana de los siglos XV a XVII, con sus respectivos inventarios, se embalaron en 257 cajas, que pesaban 1.909 arrobas, y en dos expediciones, de 13 y 11 carros, salieron de Simancas el 24 y 26 de septiembre con buenas escoltas, llegando con la preciosa carga a Sevilla el 14 de octubre. La primera expedición iba a cargo de Hipólito de la Vega y la segunda al de Francisco Ortiz de Solórzano. Ahora todos esos documentos se encuentran en el Archivo de Indias, en Sevilla; aunque Simancas no se desprendió de toda la documentación colombina. Aquí se quedó una pequeña parte de documentos sobre la aventura del descubrimiento. La desafortunada iniciativa fue del Conde de Floridablanca, quien visitó el archivo en el año 1773 para conocer de cerca los problemas que planteaba reunir toda la documentación de Indias. Al observar que era muy dificultoso ampliar las dependencias de un castillo como el de Simancas, se tomó la decisión de reunirlos en un solo lugar y ese lugar fue el archivo de la Casa Lonja de Sevilla. Ahora están perfectamente conservados, la mayoría de ellos microfilmados y listos para ser consultados por los miles de investigadores que a Sevilla acuden a consultar el valioso regalo que les hizo el Archivo de Simancas de Valladolid. Sevilla merece tener buena parte de la documentación colombina y americana porque no debemos olvidar que fue la puerta y el puerto de América durante varios siglos. Además, en Sevilla murió (1512) Albérigo (no Américo) Vespucci, quien había sido nombrado piloto mayor y acompañó a Colón en uno de sus viajes. Albérigo fue amigo del Almirante y gozo de su confianza, aunque algunos que le conocieron y leyeron sus relatos y cartografía (Hernando Colón, Las Casas, Antonio de Herrera y Fernández de Navarrete) le tacharon de usurpador y tramposo. Al conocer el cronista de la Orden Agustina fray Antonio de la Calancha que las tierras descubiertas empezaban a llamarse “América” en honor de Albérigo, escribió: “El llamarse estas tierras América es digno de borrarse de la memoria de los hombres y que se arranque y se teste de los escritores, pues apoyan un hurto y conservan una injusticia”. JOSÉ-DELFÍN VAL

Vallisoletanos historiadores y evangelizadores de América

De los colonizadores de la primera hornada destacamos a Alonso de Zuazo, nacido en Olmedo en 1466, que fue colegial de Santa Cruz y juez dedicado a abrir expedientes de residencia en Indias. En 1517 ya estaba en la isla La Española (hoy Haití-Santo Domingo). Unos años antes, estuvo allí Juan Ponce de León, nacido en el pueblo vallisoletano de Santervás de Campos, quien en busca de la isla de Bimini, donde se decía que estaba “la fuente de la juventud”, descubrió hacia 1512 La Florida. Antonio de León Pinelo, nacido en Valladolid en 1596, hijo de un judío portugués converso, escribió dos obras importantes sobre América: El paraíso del Nuevo Mundo e Historia natural y peregrina de las Indias, aprovechando que fue Cronista Mayor de Indias. Un riosecano nacido en 1621, Pedro Fernández del Pulgar, que fue párroco de la iglesia de Santa María de Mediavilla, dejó una gran biblioteca y, superadas con creces y méritos sus obligaciones parroquiales, alcanzó a ser también Cronista de Indias, escribiendo una apología de los Reyes Católicos titulada Tropheos glorioso de los católicos reyes de España en la justa conquista de América. José de Acosta, de Medina del Campo (1540), jesuita de los primeros tiempos, evangelizador de Perú. Desempeñó importantes cargos de gobierno en la Compañía de Jesús. Prolífico escritor. Destacamos su Historia natural y moral de las Indias. Entre los historiadores de Méjico sobresale el medinense Bernal Díaz del Castillo, nacido en 1495 y autor de la Historia verdadera de la Nueva España. Fray Andrés de Olmos, criado en Olmos de Esgueva (1480) profesó en los Franciscanos Menores de Valladolid. Evangelizador de Méjico y autor del Tratado de hechicería y sortilegios, escrito en lengua náhualt. José Chantre, nacido en Villabrágima en 1738, fue cronista del Amazonas. Bern a rdo Recio, de Alaejos, evangelizador de Quito y autor de un libro de sus memorias americanas. Agustín de Zárate, vallisoletano, historiador de las guerras civiles de Perú. Juan de Betanzos, Juan de Matienzo, Polo de Ondegardo, Bernardo de Torres, Cristóbal Suárez de Figueroa y fray Alonso de Galdo se unen al muy nutrido grupo de vallisoletanos que evangelizaron pueblos americanos y escribieron sobre sus experiencias personales. JOSÉ-DELFÍN VAL